Mi padre nació en la pobreza y estudió en una dictadura, tuvo que trabajar en otra. De niño no tenía ni zapatos para ponerse, pero en una Venezuela que hoy critican, nos dio a sus hijos, casa, escuela, vestido y comida, progresó y sin ser millonario surgió como clase media. Esa educación la recibí en la democracia, representativa y con límites en los períodos. Sin endiosar a nadie.
Subimos de la pobreza a la decencia de una vida digna sin un comandante supremo y sin ser miembros de ningún partido, sin médicos cubanos y con un país que crecía poco a poco. Democracia con defectos, si, pero la misma democracia que me permitió trabajar en tres gobiernos distintos sin ser miembro de ningún partido político. Teníamos casa, salud, comida y no hacía falta que nos lo dijeran en interminables cadenas manipuladoras de la información.
La misma democracia que le permitió al señor que dio dos golpes de estado, ser candidato presidencial y salir electo, sin saber que al hacerlo recibiría de ese mismo sujeto, un golpe mortal y una lluvia de odio que dejaría al país herido de una manera tal que recuperarlo va a tomar años.
El status es ahora el que imponen los que usaron y usan la violencia disfrazada de legalidad para acallar a los que se le oponen. El status es ser dueño del poder electoral, del judicial, del legislativo y del ejecutivo y negarle a más de la mitad del país, porque es más de la mitad, el derecho a compartir ese poder que le da la democracia.
El status es regalarle a Cuba nuestro petróleo y hundir la industria que alguna vez fuera orgullo del mundo en una desorganización que sólo puede calificarse de increíble.
Pero no vale la pena decir esto a quienes no están dispuestos a reconocer sus errores y a dialogar de igual a igual con los que no comparten sus ideas.
Por eso, lamentablemente, el país seguirá dividido, muchos se irán a buscar rumbos que le garanticen seguridad y felicidad a sus familias y tarde o temprano, así como criticaban el imperialismo occidental, se darán cuenta los restantes, del abuso del regimen de una isla que oprime a su gente y se sacudirán los cimientos. La quinta república dará paso a la sexta y ojalá que se resuelva una buena parte de los desaciertos que la cuarta y la quinta dejaron como recuerdo.
El legado del tristemente llamado supremo, no ha hecho mejor a Venezuela. El libertador y padre de la patria es uno sólo, su apellido es Bolivar, no otro y dudo mucho que se sienta representado por este gobierno como no lo estuvo por otros.
